Y volvieron del Rocío. Los abrazos de la emoción

Hace un par de días volvían del camino del Rocío los atrevidos peregrinos de Carmona que quisieron estar abrazando a su Virgen la madrugada del lunes de Pentecostés.

Los vi llegar de noche a la Plaza de San Fernando, la que todos llaman la plaza de arriba y yo para mis adentros me digo la plaza del encuentro (licencia de exportación turística personal) porque en ella confluyen protagonistas distintos del pueblo en todas sus versiones de la vida cotidiana y de fiesta.

Semanas atrás, asistí como expectante, casi intruso, aunque con muchísimo respeto, cuando Cyra Rodríguez dio el pregón de la Hermandad Rocío de Carmona.
Me conquistó tanto lo que oí, que sin yo serlo, me puse en la cola de los hermanos y hermanas que querían expresarle que les había llegado al alma.

Ahí supe que mi pretensión de hacer un reportaje tal y como yo lo pensaba (unirme al camino al menos en alguna jornada para tratar de sentirlo como ellos) era usurpar la auténtica maravilla que les une. Así que decidí no hacerlo. No era yo quien, para hablar de los sentimientos de otros que tanto les cuesta sentir.

Y eso que yo estoy sensibilizado porque cientos de conversaciones y vivencias con mi queridísima amiga Carmen Pareja-Obregón me han hecho vivir (en lejanía, pero de cerca) todo el arraigo que su padre el gran Manuel Pareja-Obregón, compositor de la Salve que canta el mundo entero, les contagió desde niños. Con ella he visto vídeos y vídeos de los caminos rocieros de su infancia en familia. He estado en la salida de Castilleja de la Cuesta despidiendo a las carretas de las distintas hermandades como si fuera un sevillano más al uso. Y hasta he entrado por primera vez en la ermita de la Virgen del Rocío, cuando Carmen le rezó cantando ¿o le cantó rezando? en una mañana anónima del calendario.

Pero más allá de la experiencia mundana, incluso de la vivencia interior que provoca un “Oh!” de admiración a quienes lo vemos desde fuera, debe haber algo en el alma de quienes hacen el camino del Rocío que llena todo sus sentidos e inunda sus sentimientos.
Para muchos es inexplicable; para ellos, trasciende los sentidos.

Yo nunca he ido como romero al Rocío. Dicen que en el camino uno nunca está solo; pero que puede meterse en sí mismo y desaparecer dentro,  si quiere, para ver su vida desde otra perspectiva y reconciliarse con ella. Y tiene que haber mucho más que yo no sé explicar. Me importa más el caminante anónimo y cansado y lo que siente por dentro, que el camino que lleva.

Como digo, no puedo usurpar lo que siente un rociero, solo ellos lo pueden contar con sentimientos de las vivencias de su alma que no tienen traducción con palabras en ningún idioma, solo en la expresión de sus caras y en el lenguaje de sus emociones íntimas.
Cuando Cyra, contaba su pregón no eran palabras…era la vibración invisible de un algo inexplicable que calaba dentro.

Tampoco me atrevo a describir el complejo entramado de tradición, o costumbre, ¿devoción civil?, ¿sentimiento religioso?… que inunda sus mentes y provoca su arraigo. Lo único que sé es que les explota el alma de felicidad cuando viven su camino y ven salir de la ermita a saludarlos a su Virgen del Rocío.
Quienes no hemos vivido lo que ellos viven, quienes no hemos sentido lo que ellos sienten, quienes no tenemos esa devoción… no sabemos ‘de su misa’ la mitad.

Por eso renuncié a contar lo que no sé. Así que ese reportaje pretendido hace meses, ha quedado, por incapacidad personal de expresión, en esta simple nota de admiración y de respeto ante los rocieros y ante la Hermandad Rocío de Carmona.

Probablemente, el hecho de que haya vuelto del Rocío a su pueblo una hermandad rociera, no sea una noticia destacada para el mundo de fuera de esta ciudad al que yo quiero llevar este escrito. Otras tantas hermandades de muchos pueblos de España han hecho lo mismo.
Eso sí; hay algo especial en la Hermandad Rocío de Carmona, además de las personas maravillosas que la componen: es que esta hermandad ha vuelto al paraíso, ellos y ellas viven en Carmona.


Fotos: cortesía de Pepe Portillo.
Más fotografías inspiradoras (enlace activo): Hermandad Rocío de Carmona.

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