Audición Final de Curso de la Escuela Oficial de Música de Carmona

130 alumnos realizaron el día 26 de junio la exposición en público de su habilidad en el dominio de la música instrumental, celebrando la Audición Final de Curso de la Escuela Oficial de Música de Carmona.

Como es lógico pudimos observar distintos niveles en la adquisición de estas habilidades. Desde los recién iniciados hasta el atisbo de algún virtuosismo que ya apunta en maneras. Tuvimos ocasión de escuchar algunos movimientos sonoros de cierta belleza.

Puedo asegurar que en cada una de las piezas o fragmentos de piezas musicales interpretadas no me salió ningún aplauso de cortesía en ningún caso, todos los interpretes obtuvieron de mí, mi aplauso sincero por alguna razón y probablemente distintas en cada caso; eso sí, algunos con mayor intensidad. Pero todos tenían algo bueno que poder destacar.

Éramos conscientes de que asistíamos a una audición con un formato casi de uno a uno. En todo caso lo importante no era el espectáculo sino el fondo, lo que hay «detrás». Todo lo que en ese momento se concita para llegar ahí.
Y es muy importante, que estos niños y jóvenes están creciendo en la afición a la Música y que lo hacen apoyados en sus padres y respaldados oficialmente por la escuela que homologa estos estudios oficiales en su propio pueblo. Es decir, que demuestra que ello puede ir lejos.

En el aprendizaje de la Música en estas edades se hace fundamental que se establezca la complicidad de algunos pilares: el niño, el profesor y los padres, una triada que configura el mejor camino del éxito. Comenzar en un ambiente lleno de música, aprender de forma gradual, entrenarse un ratito cada día, de vez en cuando en presencia de los padres y estimulado por sus alientos, así como compartir los aprendizajes con otros niños… son otras características de un buen itinerario para conseguir un buen aprendizaje.

Lo que vi entre bambalinas y lo que sé del funcionamiento de la Escuela (porque me he preocupado de saberlo hace meses), me hace aplaudir muy fuerte a su director Manuel Fernández Mosquera y reconocer su labor al frente de este reto apasionante. Tienen también mi aplauso sus profesores Carlos Rodríguez y Elisa Lozano, así como el Ayuntamiento y quienes respaldan el empuje y el sostenimiento de este proyecto que ya tiene un curso de vida y que va a crecer poco a poco en buenas condiciones hacia donde todo el mundo desea.

Espectadores «de chapó»  y cargados de paciencia.
Era genial el respeto por lo que allí hacía cada uno de los intérpretes, el silencio en la sala escuchando (el patio de butacas lo ocupaban también muchos niños que supieron ser educados con lo que estaban presenciando).
Que no se oyeran murmullos, que todos los espectadores estuvieran en silencio durante casi tres horas sin tener que llamar la atención a niños ni a adultos, confieso que casi sólo lo he visto aquí en Carmona y felicito a quienes han enseñado a los niños a ser espectadores. Hay mucha buena labor educativa detrás de ello y por eso merece la pena resaltarlo y felicitar a padres y profesores por haber conseguido esos niveles de respeto. Y … a la «tribu» (algún día hablaremos del poder educativo de la tribu, término que popularizara el filósofo Marina).

Bueno, perdón si me he dispersado, pero no podía dejar pasar por alto lo importante de ser espectador y escuchante.


Fotos: Loli Falcón

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